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jueves, 12 de febrero de 2015

PRESIDENTE 7º

MANUEL GOMEZ PEDRAZA

VIVIÓ HASTA LO 61 AÑOS

Manuel Gómez Pedraza y Rodríguez (22 de abril de 1789 - 14 de mayo de 1851) fue un militar y político mexicano que se desempeñó como Presidente de México entre 1832 y 1833.
Sus estudios los realizó en su estado natal, mismos que abandonó al estallar la independencia para enrolarse en el ejército realista bajo el mando de Félix María Calleja, quién lo hizo teniente en el regimiento de Fieles de Potosí; con él tomo parte en toda la campaña contra los insurgentes y en la captura del cura José María Morelos.1 Estando en San Luis Potosí y siendo teniente coronel, se adhirió al plan de Iguala. Fue amigo y partidario de Agustín de Iturbide, quién lo nombró coronel y general, así como comandante de la Huasteca y jefe de la guarnición de México, cargo que entregó a los triunfadores del plan de Casa Mata al ser Iturbide desterrado.
En el año de 1824 se le nombró comandante militar de Puebla, de donde fue reasignado por órdenes del presidente Guadalupe Victoria para sustituir a Manuel de Mier y Terán como secretario de Guerra. Se asegura que el general Gómez Pedraza aprovechó su estancia en la secretaría de Guerra para prepararse a la candidatura a la presidencia.
Cuando hubo elecciones, Gómez Pedraza salió victorioso para suceder al general Victoria en la presidencia de la República. Electo presidente de México para el cuatrienio que debía iniciarse el 1 de abril de 1829 y concluir el 31 de marzo de 1833, don Manuel fue desconocido por el Congreso, que declaró nula la elección presidencial que había ganado.

Los generales Santa Anna, Lorenzo de Zavala y José María Lobato no le permitieron ni siquiera tomar posesión y partió al exilio. En su lugar gobernó el general Vicente Guerrero, quien ocupó el segundo lugar en la elección, y como vicepresidente fue Anastasio Bustamante, tercer lugar en la contienda electoral. Vivió en Francia dos años, en destierro voluntario y regresó al país en octubre de 1830; pero al llegar a Veracruz se le negó que desembarcara, por lo que tomó pasaje en una goleta que lo llevó a Nueva Orleáns, donde publicó un manifiesto que hacía crítica a la administración de Bustamante.

En 1832 luego de varias revueltas que hicieron caer a Guerrero y a Bustamante, faltando unos meses para que concluyera el periodo presidencial que legalmente le correspondía a Gómez Pedraza, al general Santa Anna se le ocurrió devolverle la presidencia. Santa Anna y Bustamante, con don Manuel como testigo, firmaron los Convenios de Zavaleta, en los que pactaron la amnistía y el olvido general de todo lo acontecido desde el 1 de septiembre de 1828. Posteriormente, ambos generales le entregaron la presidencia al general Gómez Pedraza, quien tres meses después terminó su periodo presidencial.

Su gabinete presidencial estuvo conformado por Bernardo González Angulo en Relaciones Interiores y Exteriores, Miguel Ramos Arizpe en Justicia, Joaquín Parres en Guerra y Marina, y Valentín Gómez Farías en Hacienda.
Posteriormente, en 1838 bajo la presidencia de Anastasio Bustamante, Gómez Pedraza fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores cargo que ocupó sólo tres días debido a su oposición al propio presidente y a su intención de restablecer la Constitución de 1824. Ocuparía el cargo dos ocasiones más, en 1841 y en 1847.5 Hacia finales de 1845 fue candidato a la presidencia de la República, pero José Joaquín de Herrera ganó los comicios.

En 1846 formó parte del Consejo de Gobierno. En 1848 fue presidente de la Cámara de Senadores y en 1850 contendió por la presidencia de la República, pero fue derrotado por el general Mariano Arista. Siendo director del Nacional Monte de Piedad, 

 falleció repentinamente en la Ciudad de México el 14 de mayo de 1851 a los 62 años de edad. Sus médicos de cabecera le habían diagnosticado una oquedad pulmonar. Falleció sin haberse confesado, por lo que el clero no permitió que se le enterrara en terreno sagrado, así que se tuvo que construir una cripta para sus restos situada en el panteón Francés de la Piedad.

lunes, 26 de enero de 2015

PRESIDENTE 6°


Melchor Múzquiz

vivio hasta los 54 años

José Ventura Melchor Ciriaco de Eca y Múzquiz de Arrieta (5 de enero de 1790 - 14 de diciembre de 1844) fue un militar y político mexicano que se desempeñó como Presidente de México en 1832 y fue el primer Gobernador del Estado de México. Fue el primer mandatario que cobró impuestos por puertas y ventanas.
Nació en la villa de Santa Rosa (hoy Ciudad Múzquiz), actual estado de Coahuila, el 5 de enero de 1790. Fue hijo del teniente Blas María de Eca y Múzquiz y de su señora esposa Juana Francisca de Arrieta , ambos de origen vasco. Se le bautizó en la Iglesia Parroquial, situada en el lugar en que nació, el 14 de abril de ese mismo año.
Cuando Múzquiz era un estudiante, la guerra de independencia estalló y a principios de 1811 dejó sus estudios en el Colegio de San Ildefonso para unirse a las tropas del insurgente Ignacio López Rayón en Zinacantepec. Ascendido a coronel, combatió bajo las órdenes del general Guadalupe Victoria. Consumada la independencia, Múzquiz fue gobernador del Estado de México en 1824, comandante militar de Puebla en 1829 y luego general de división. Toma la presidencia el 2 de marzo de 1824.
Al asumir don Melchor el cargo de presidente interino, estaba supliendo a Anastasio Bustamante, quien había salido a combatir a Antonio López de Santa Anna, pues este último se había pronunciado a través del Plan de Veracruz. Múzquiz tenía el aprecio de todo el mundo debido a su honradez. Además se reconocía por ser sencillo y humilde en el trato con los demás.
Don Melchor fue un hombre que aborrecía profundamente la corrupción y el robo de los caudales públicos y exageraba tanto su previsiones, que le gustaba concentrar el producto de los impuestos en una habitación que hubo de asegurar para que no se derrumbara por el peso de las monedas; no gastaba absolutamente nada, ni un solo peso, para entregar siempre cuentas perfectas, sin asomo del menor desfalco atribuible a él. Para incrementar las rentas nacionales y atesorarlas, Múzquiz fue el primer presidente que cobró impuestos por puertas y ventanas, no escapando de esa medida los conventos y las casas de asistencia.
Su gabinete presidencial fue conformado por Francisco Fagoaga en el Ministerio de Relaciones Interiores y Exteriores, Juan Ignacio Godoy en Justicia y Negocios Eclesiásticos, Ignacio Alas en Hacienda, e Ignacio Iberri en Guerra.1 Tanto cuidado en la administración fue inútil. Don Melchor se metió mucho en su papel de presidente, lo tomó tan en serio que comenzó a ser aconsejado secretamente, según se dice, por Lucas Alamán.

Anastasio Bustamante lo desairó al negociar con Santa Anna la paz sin tomarlo en cuenta, dejándolo en ridículo. Ofendido, Múzquiz presentó su renuncia ante el Congreso, pero no fue aceptada; le pidieron que siguiera gobernando. Santa Anna, Bustamante y Manuel Gómez Pedraza se habían puesto de acuerdo —con la firma de los Convenios de Zavaleta — para que el tercero fuera el nuevo presidente. Cuando don Melchor se enteró ya no era presidente, y simplemente salió del Palacio Nacional y se marchó a su casa.
Ante toda esta situación, don Melchor mantuvo su dignidad. Días después, cuando Gómez Pedraza era presidente, Múzquiz se presentó en el Palacio Nacional y amonestó públicamente a Gómez Pedraza por la forma en que se introdujo al país y por usurpar la presidencia que legalmente no le correspondía. En represalia, Gómez Pedraza dio de baja del ejército a Múzquiz.
Sin embargo, el patriotismo de don Melchor fue reconocido. Primero se le rehabilitaron su grado de general de división y luego, cuando en 1836 se instituyó el Supremo Poder Conservador, fue electo presidente de ese organismo.
El general Múzquiz vivió siempre de su sueldo de general,aunque no se le pagaran los haberes. Tras abandonar el poder, alguna vez se encontró en la calle con el general Santa Anna, quien lo reprendió públicamente por el mal estado en que se encontraba su uniforme, indigno de un general de división que, además, había sido mandatario de la República. Múzquiz respondió que no tenía dinero para mandarlo a arreglar

muere de causas naturales, en la más completa pobreza ya que fue un hombre muy honesto hasta el final de sus días. Fue sepultado en el desaparecido panteón del hospital de San Andrés.