Melchor Múzquiz
vivio hasta los 54
años
José Ventura Melchor
Ciriaco de Eca y Múzquiz de Arrieta (5 de enero de 1790 - 14 de diciembre de
1844) fue un militar y político mexicano que se desempeñó como Presidente de
México en 1832 y fue el primer Gobernador del Estado de México. Fue el primer
mandatario que cobró impuestos por puertas y ventanas.
Nació en la villa de
Santa Rosa (hoy Ciudad Múzquiz), actual estado de Coahuila, el 5 de enero de
1790. Fue hijo del teniente Blas María de Eca y Múzquiz y de su señora esposa
Juana Francisca de Arrieta , ambos de origen vasco. Se le bautizó en la Iglesia
Parroquial, situada en el lugar en que nació, el 14 de abril de ese mismo año.
Cuando Múzquiz era un
estudiante, la guerra de independencia estalló y a principios de 1811 dejó sus
estudios en el Colegio de San Ildefonso para unirse a las tropas del insurgente
Ignacio López Rayón en Zinacantepec. Ascendido a coronel, combatió bajo las
órdenes del general Guadalupe Victoria. Consumada la independencia, Múzquiz fue
gobernador del Estado de México en 1824, comandante militar de Puebla en 1829 y
luego general de división. Toma la presidencia el 2 de marzo de 1824.
Al asumir don Melchor
el cargo de presidente interino, estaba supliendo a Anastasio Bustamante, quien
había salido a combatir a Antonio López de Santa Anna, pues este último se
había pronunciado a través del Plan de Veracruz. Múzquiz tenía el aprecio de
todo el mundo debido a su honradez. Además se reconocía por ser sencillo y humilde
en el trato con los demás.
Don Melchor fue un
hombre que aborrecía profundamente la corrupción y el robo de los caudales
públicos y exageraba tanto su previsiones, que le gustaba concentrar el
producto de los impuestos en una habitación que hubo de asegurar para que no se
derrumbara por el peso de las monedas; no gastaba absolutamente nada, ni un
solo peso, para entregar siempre cuentas perfectas, sin asomo del menor
desfalco atribuible a él. Para incrementar las rentas nacionales y atesorarlas,
Múzquiz fue el primer presidente que cobró impuestos por puertas y ventanas, no
escapando de esa medida los conventos y las casas de asistencia.
Su gabinete
presidencial fue conformado por Francisco Fagoaga en el Ministerio de
Relaciones Interiores y Exteriores, Juan Ignacio Godoy en Justicia y Negocios
Eclesiásticos, Ignacio Alas en Hacienda, e Ignacio Iberri en Guerra.1 Tanto
cuidado en la administración fue inútil. Don Melchor se metió mucho en su papel
de presidente, lo tomó tan en serio que comenzó a ser aconsejado secretamente,
según se dice, por Lucas Alamán.
Anastasio Bustamante
lo desairó al negociar con Santa Anna la paz sin tomarlo en cuenta, dejándolo
en ridículo. Ofendido, Múzquiz presentó su renuncia ante el Congreso, pero no
fue aceptada; le pidieron que siguiera gobernando. Santa Anna, Bustamante y
Manuel Gómez Pedraza se habían puesto de acuerdo —con la firma de los Convenios
de Zavaleta — para que el tercero fuera el nuevo presidente. Cuando don Melchor
se enteró ya no era presidente, y simplemente salió del Palacio Nacional y se
marchó a su casa.
Ante toda esta
situación, don Melchor mantuvo su dignidad. Días después, cuando Gómez Pedraza
era presidente, Múzquiz se presentó en el Palacio Nacional y amonestó
públicamente a Gómez Pedraza por la forma en que se introdujo al país y por
usurpar la presidencia que legalmente no le correspondía. En represalia, Gómez
Pedraza dio de baja del ejército a Múzquiz.
Sin embargo, el
patriotismo de don Melchor fue reconocido. Primero se le rehabilitaron su grado
de general de división y luego, cuando en 1836 se instituyó el Supremo Poder
Conservador, fue electo presidente de ese organismo.
El general Múzquiz
vivió siempre de su sueldo de general,aunque no se le pagaran los haberes. Tras
abandonar el poder, alguna vez se encontró en la calle con el general Santa
Anna, quien lo reprendió públicamente por el mal estado en que se encontraba su
uniforme, indigno de un general de división que, además, había sido mandatario
de la República. Múzquiz respondió que no tenía dinero para mandarlo a arreglar
muere de causas
naturales, en la más completa pobreza ya que fue un hombre muy honesto hasta el
final de sus días. Fue sepultado en el desaparecido panteón del hospital de
San Andrés.

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